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Cuando pensamos en fenómenos que se dan en el ámbito de la moda suele venir a cuento, de modo banal o coloquial, la noción de narcisismo. Pero lo que me interesa ahora no es tanto desarrollar este concepto sino hacer hincapié en la pérdida o renuncia de la que hablaba Freud al respecto. En Introducción del narcisismo decía “Enfermedad, muerte, renuncia al goce, restricción de la voluntad propia no han de tener vigencia para el niño, las leyes de la naturaleza y de la sociedad han de cesar ante él y realmente debe ser el centro y el núcleo de la creación.” Enfermedad, muerte, restricción son distintas formas hablar de una lógica del no-todo, de la falta, de la castración. Dirá que un sujeto se rehúsa a renunciar a esta satisfacción de la que alguna vez gozó.

A estas renuncias y renuencias se ligan muchos padecimientos de la experiencia humana. Y este será el eje del escrito.

El psicoanálisis postula una renuncia fundacional en el ser hablante. Para el sujeto algo está perdido desde el momento en que entra al universo simbólico. La palabra afecta al cuerpo, lo agujerea.  Se trata de una pérdida de goce, de una falta, un vacío.

Los seres hablantes, a diferencia de los animales, no están comandados por un instinto que se satisface por completo ni tienen prefijado al objeto de su satisfacción. La existencia del ser hablante es por así decir más errática en el punto en que siempre falta algo, no hay una satisfacción absoluta, no hay un objeto complementario para cada quien.

Como contrapartida a la falta aparece el exceso, lo que Lacan llama plus de goce. La falta fundacional implica un intento de recuperación. El plus de goce es esto, un exceso que es intento de recuperación de una pérdida. Intentar taponar eso que no hay y no querer saber nada acerca del vacío que nos habita tiene efectos, singulares para cada sujeto.

El psicoanálisis promulga la noción de pérdida y el analista trabaja con la ética del no-todo.

Pero la sociedad de consumo va en la dirección contraria. El marketing nos impone constantemente la idea de no perder: no perder tiempo, juventud, dinero, posibilidades. Porque aquí todo es posible, todo está al alcance de tus manos, en cuotas o en forma de pastillas.

La industria de la moda es parte de estos acontecimientos.

Antes de adentrarnos en los posibles conflictos de este ámbito aclaramos que una carrera de modelo puede ser transitada sin grandes dificultades. Puede ser disfrutada e incluso ser el puntapié inicial para otros proyectos vinculados a esta industria.

La vivencia de esta carrera es singular, como todo lo que nos pasa. No hay dos personas iguales ni dos experiencias idénticas. Siempre hay particularidades en los modos de transitar la vida.

Dicho esto comencemos a pensar algo acerca de las dificultades que pueden suscitarse. Las modelos (hablo en femenino porque es más usual, pero aplica a todos los géneros) representan el ideal de belleza y se les supone una vida llena de experiencias increíbles. En este punto cito a Lacan cuando dice “No hay nada más desencantado que quien supuestamente alcanza su sueño dorado, basta hablar tres minutos, francamente, como quizás sólo lo permite el artificio del diván psicoanalítico, para saber que, a fin de cuentas, el sueño es una bagatela que le importa un bledo y que además está molesto por un montón de cosas.”

Continúo entonces planteando un posible escenario en el que, sin generalizar, ciertas modelos, incluso las más consagradas, a pesar de todo aquello que se les supone, pueden mostrarse apáticas, con una delgadez extrema, algunas consumen drogas, están las que quisieran dejar este trabajo y por alguna razón no pueden, muchas se ven complicadas para armar otro proyecto de vida distinto, entre otros conflictos.

Pienso que muchos de estos fenómenos pueden concebirse como modos de goce, exceso, ese no querer saber nada acerca de algo que no encaja y que nos atraviesa. Cabe aclarar que con Lacan goce y satisfacción son opuestos. El goce es algo del orden de la tensión, del dolor, del malestar, del displacer. Y si bien es imposible no gozar, hay goces y goces…

Lejos de posicionarse como un sujeto que trama un proyecto propio ligado al deseo, la modelo es más bien objeto. Objeto a merced de las tendencias y del criterio de un otro que la elige, o no. Objeto de mercancía y obsoleto. Es ella misma objeto de consumo.

Los tiempos en este ámbito están acelerados, todo es vertiginoso. La idea de plata rápida, la carrera termina pronto, ir de casting en casting sin a veces siquiera saber porqué fue elegida o rechazada.

Y si en todo este proceso el malestar apremia y empieza a resquebrajarse algo, basta con la autocomplacencia narcisista por algún logro fugaz o la fascinación efímera que genera alguna fotografía para continuar hacia adelante, aunque no se sepa bien a dónde. Continuar gozosamente implica algo así como “me hace mal, pero no puedo parar”.

Y son situaciones en las que sujeto no piensa. Pero no estoy hablando de la construcción social y prejuiciosa de que la modelo no piense. En absoluto. Estoy hablando de que hay posiciones, para cualquier sujeto, que implican un no pensar. Un no pensar en el sentido de detenerse a cuestionar algo, preguntarse algún porqué o qué quiero.

Un sujeto que trama un proyecto propio en función de su deseo, es un sujeto que dispone de la falta como causa. Se encuentra causado y desde ahí trabaja. Y esto implica tiempo, pensar, esperar, arriesgar, hasta incluso angustiarse. La palabra trama me gusta porque implica un tejer y destejer, un camino sinuoso, donde hay un sujeto que pone a jugar sus determinaciones en algo que le da cierto sentido a su vida.

La carrera de modelo puede ser un momento en la vida de alguien o puede vehiculizar otra actividad ligada a la industria de la moda. No interesa en verdad, la cuestión es que después haya algo más. El problema parece ser cuando la modelo queda devastada y los años que dura su carrera producen un efecto que arrasa. Por eso resulta tan importante el rol de la familia, la pareja, los amigos, los vínculos cualesquiera que sean. Y que la modelo pueda ir interrogándose sobre algunas cuestiones.

En definitiva, el contexto de la moda suele ser asociado con la idea de frivolidad. Si nos adentramos en las definiciones del término frívolo nos encontramos con palabras como ligero, superficie, de poca sustancia, sin consistencia, persona interesada en el exterior y no en el interior ni el contenido, persona poco profunda en lo que dice o hace.

Resulta interesante entonces tomar en cuenta estas definiciones no para juzgar a la ligera al ambiente de la moda, sino para pensar sobre los posibles efectos que éste produce en las personas que lo transitan.