La pregunta por la belleza en las mujeres es tan vieja como los cuentos. Decía la madrastra de Blancanieves: “Espejito espejito, ¿Quién es la más hermosa del reino? Clásica pregunta que nos sirve para abrir nuestra reflexión. La belleza es un atributo fundamental de lo femenino. Las mujeres queremos ser bellas y trabajamos para lograrlo, pero ¿cuando una mujer es bella?

 

Una mujer

Para comenzar me interesa contarles por qué escribimos Una en singular y mayúsculas. Sigmund Freud nos hizo saber su dificultad en comprender qué quiere una mujer. Se dice que fue la princesa Marie Bonaparte quien le formula esta pregunta: “¿Was will das Weib?” “¿Qué quiere la mujer?” Luego, Jacques Lacan nos dio más pistas para indagar y sumergirnos en esta problemática. Lo femenino es siempre enigmático, porque concierne a un vacío y ¿qué se puede decir del vacío? ¿Qué es gozar de un vacío? No hay respuestas claras ni unívocas. Por eso las mujeres nos pasamos a veces la vida tratando de encontrar la receta de qué es ser mujer, qué es gozar como mujer, cuando en realidad no la hay. Cada Una tendrá que inventar la propia. Mi amiga brasilera Lêda Guimarães me acercó hace tiempo esta pregunta: “¿Qué puede transmitir una mujer a otra mujer acerca de lo femenino?: Nada”. Contundente respuesta que nos permite seguir esta línea de ideas. No hay referente de lo femenino porque lo femenino es un con-sentimiento al vacío que habita el cuerpo de las mujeres. El vacío no tiene ni límites, ni referentes. Esto marca una diferencia radical con la estructura masculina. El hombre muy ligado a su falo tiene una manera más simple y clara en su goce, en cambio la mujer que encarna ese vacío en su propio cuerpo presenta por esencia una modalidad más oscura y a veces incomprensible. ¿Cómo entender a una mujer? Dicen los hombres a veces con aire de decepción, resignación y cansancio.

Cuando la mujer se compara o compite con el hombre lo hace desde un lugar viril, por ejemplo cuando una mujer le dice a su hombre “callate, vos no sabés nada” está compitiendo con ese hombre, algo parecido a la clásica frase “quien la tiene más larga” y eso es masculino. Para que una mujer sea femenina deberá con-sentir a ese vacío que no es ni medible, ni comparable por estar fuera de la lógica simbólica. Y con su cuerpo inventar algo nuevo ahí: a veces es ese no sé qué que tiene una mujer y que no se puede definir, pero es lo que la distingue, la hace Una y en el mejor de los casos: excepcional.

 

Belleza

Mujer y belleza van de la mano, pero sucede que muchas mujeres se lanzan a una carrera loca que nos impone el mundo del consumismo actual y este camino vertiginoso hacia no se sabe dónde ni para qué, muchas veces termina desembocando en un estrago. Sobre todo en estos tiempos del consumo, suelen buscar referentes de belleza, moda y estética. El problema es que estos referentes constituyen un mandato, se erigen en muchos casos como un imperativo: ser como, parecerse a, o vestirse así, son frases que circulan entre ellas.

Por eso suele ser difícil estar a la moda sin sucumbir a algunas exigencias y estereotipos del consumo, aunque no por esto deja de ser un interesante desafío. ¿Se puede ser inteligente, linda y audaz? Claro que sí. Pero es fundamental ver qué queremos y hacia dónde vamos.

Claro, los mandatos de delgadez, juventud, dinero, ropa cara, joyas, entre otros, tienen que ver con los códigos de belleza estandarizados en nuestra época. Pero tenemos que saber que la lógica del consumo es la siguiente: cuanto más se consume, más insatisfecho se está. El impulso a tener cada vez más y más nos hace creer que es posible satisfacernos y en realidad lo que resulta de esto es que cuanto más se intenta completarse, más se pone en evidencia la insatisfacción. El Psicoanálisis nos orienta en otra perspectiva: se trata de preservar el lugar de la falta. Entendemos que la falta es lo que nos mueve a buscar y a hacer, y que nos representa a cada uno en nuestra singularidad. Los analistas llamamos a esto deseo. El deseo es esencialmente un hacer más que un tener. Todo lo que alcanzamos en la vida y nos da satisfacciones: logros de proyectos, un amor, una familia, los hijos, el despliegue de un talento, requiere de un gran trabajo, no es gratis, y ese trabajo es efecto de un deseo propio.

Para que Una mujer sea bella tendrá que estar dispuesta a atravesar un largo recorrido porque la belleza no son solo los atributos que le dona la genética y se traslucen en su anatomía, sino que es mucho más que eso. Para mí la belleza femenina, no depende ni de la cara bonita, ni de la edad, ni del cuerpo ni de la ropa en primera instancia.

Llegué a esta conclusión después de ver cómo muchas mujeres muy bonitas desde el punto de vista anatómico, se sentían profundamente insatisfechas e infelices, ellas que eran “estereotipos” para muchas vivían un calvario. Todos conocemos a íconos de la belleza femenina que han terminado en una mortificación absoluta. Y cómo otras mujeres que a simple vista pasaban desapercibidas, cuando uno las escucha o empieza a ver qué hacen con su vida las encuentra muy bellas.

Por eso defino la belleza como el saber hacer de cada Una con ese vacío que la habita. Para esto es preciso con-sentir a lo femenino, es así como podrá aparecer en una mujer distintos detalles que revelan su gusto singular, aquello que la distingue, su estilo. La belleza entonces es efecto de este consentimiento: surge. No hay nada ni nadie que pueda decir qué es ser mujer, cada una tiene que inventarlo en sí misma, y es ese mismo acto el que le otorga a Una mujer el estatuto de bella.